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Educación y cultura: rumbo a 2041 - 1º Serie: 2 de 6
La inteligencia artificial plantea una transformación profunda: pasar de enseñar a grupos de alumnos a adaptar parte del aprendizaje a las necesidades de cada estudiante.
Imaginemos una clase de Primaria con 25 alumnos.
Todos tienen edades similares, comparten un mismo currículo y deben alcanzar determinados objetivos educativos.
Sin embargo, no todos comprenden las explicaciones al mismo ritmo.
Algunos necesitan cinco minutos para dominar un concepto. Otros requieren ejemplos adicionales, más ejercicios o explicaciones diferentes.
El profesor debe intentar atender a todos, pero dispone de un tiempo limitado.
¿Tiene sentido que alumnos con capacidades y ritmos diferentes deban avanzar siempre al mismo tiempo?
Esta pregunta constituye uno de los grandes desafíos del sistema educativo.
El problema de enseñar simultáneamente a 25 alumnos
La enseñanza colectiva tiene numerosas ventajas organizativas y pedagógicas, pero también limitaciones.
Un alumno que comprende rápidamente una explicación puede perder interés si debe esperar continuamente.
Otro que necesita más tiempo puede acumular dificultades si el grupo avanza antes de haber consolidado determinados conocimientos.
El docente puede adaptar tareas, organizar apoyos y aplicar diferentes estrategias, pero difícilmente podrá ofrecer 25 explicaciones individualizadas de manera simultánea y permanente.
La inteligencia artificial abre una posibilidad diferente.
Una enseñanza adaptada a cada alumno
Imaginemos un sistema educativo capaz de analizar la evolución académica individual, identificar errores frecuentes y adaptar las explicaciones al nivel de comprensión de cada estudiante.
El alumno que domina rápidamente un concepto podría avanzar hacia contenidos más complejos.
Quien necesita reforzarlo podría recibir otras explicaciones, ejemplos visuales y ejercicios adicionales.
Y el sistema podría informar al centro educativo sobre las dificultades detectadas.
Todos compartirían objetivos educativos, pero no necesariamente el mismo ritmo ni el mismo recorrido para alcanzarlos.
La personalización del aprendizaje no es una idea nueva. Lo novedoso es la posibilidad de utilizar sistemas inteligentes para ofrecerla a gran escala.
Una transformación que ya ha comenzado
En Londres, el David Game College puso en marcha en 2024 el programa Sabrewing, que utiliza plataformas de aprendizaje adaptativo basadas en inteligencia artificial para determinadas asignaturas.
Los estudiantes siguen itinerarios personalizados y cuentan con supervisión presencial mediante responsables de apoyo al aprendizaje.
En Israel, el Ministerio de Educación y la Autoridad de Innovación anunciaron en julio de 2025 un programa para experimentar con soluciones de IA y aprendizaje personalizado dentro de centros escolares públicos.
Son iniciativas diferentes, todavía sujetas a evaluación, pero demuestran que la transformación de los métodos de enseñanza ya no pertenece exclusivamente al terreno de la ciencia ficción.
No significan que los colegios estén completamente gestionados por inteligencia artificial. Significan que están apareciendo nuevos modelos de organización del aprendizaje.
¿Y qué sucederá con el profesor?
Esta es una pregunta compleja que no admite respuestas definitivas.
Si la inteligencia artificial puede explicar contenidos, proponer ejercicios, corregir determinadas actividades y adaptar el nivel de dificultad, algunas funciones tradicionales de enseñanza podrían cambiar considerablemente.
Sin embargo, transmitir conocimientos y asumir la responsabilidad de un proceso educativo no son exactamente lo mismo.
Será necesario comprobar la fiabilidad de los sistemas, supervisar los resultados y garantizar que sus decisiones sean adecuadas.
También conviene distinguir las funciones del colegio y de la familia.
Los padres tienen una responsabilidad fundamental en la crianza y formación de sus hijos. El profesorado desarrolla una labor académica y pedagógica que no debe confundirse con la sustitución del papel familiar.
La tecnología podría modificar la distribución de determinadas tareas, pero eso no resuelve automáticamente quién deberá asumir cada responsabilidad.
El colegio de 2041
Quizá en quince años sigan existiendo aulas, profesores, cursos y centros educativos muy parecidos a los actuales.
O quizá encontremos modelos donde la enseñanza individualizada tenga mucho más protagonismo y la organización de los grupos sea diferente.
Nadie puede asegurarlo.
Pero una cuestión merece atención: la inteligencia artificial no solo podría cambiar las herramientas utilizadas en los colegios. Podría transformar la propia manera de organizar la transmisión de conocimientos.
Y si cambia la forma de enseñar, también tendremos que reconsiderar las actividades complementarias que ofrecemos a los alumnos.
Próximo capítulo — 3 de noviembre: Aprender para un mundo que todavía no conocemos.