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EDUCACIÓN Y CULTURA: RUMBO A 2041 - 1º SERIE - 3 DE 6
Aprender para un mundo que todavía no conocemos
¿Estamos preparando a las nuevas generaciones para comprender el futuro o solamente para superar los exámenes del presente?
Durante mucho tiempo, obtener una buena formación académica y especializarse en una profesión representaba una vía relativamente estable hacia el mundo laboral.
Estudiar, conseguir una titulación y ejercer una profesión durante buena parte de la vida era un recorrido habitual. Pero la inteligencia artificial, la automatización y las transformaciones económicas están introduciendo nuevas incertidumbres.
Los niños que hoy cursan Infantil y Primaria podrían desarrollar profesiones que actualmente no existen o desempeñar trabajos profundamente diferentes de los que conocemos.
¿Cómo podemos preparar a un alumno para un mundo cuyo funcionamiento futuro todavía desconocemos?
Tener información no significa comprenderla
En el pasado, acceder a determinada información requería consultar libros, enciclopedias o acudir a especialistas, actualmente podemos encontrar grandes cantidades de información en segundos.
La inteligencia artificial amplía todavía más esa posibilidad: responde preguntas, genera explicaciones y ayuda a resolver tareas sin embargo, disponer de una respuesta no significa haber comprendido el razonamiento que la sostiene.
Un alumno puede pedir a una IA que resuelva un problema matemático y obtener el resultado correcto sin entender cómo se ha llegado a él, también puede recibir una explicación aparentemente convincente que contenga errores.
Por tanto, memorizar y comprender no son actividades contrapuestas. El conocimiento sigue siendo necesario para interpretar información, detectar errores y desarrollar un pensamiento propio.
El desafío no es abandonar el aprendizaje de contenidos, sino combinar conocimientos sólidos con la capacidad de analizarlos, relacionarlos y aplicarlos.
Enseñar a pensar en lugar de limitarse a repetir respuestas
Los problemas reales no siempre están divididos en asignaturas, para comprender el cambio climático necesitamos conocimientos de ciencias naturales, geografía, matemáticas, economía y comportamiento humano. Para analizar las consecuencias de la inteligencia artificial debemos relacionar tecnología, legislación, empleo, educación y ética.
Esto plantea una oportunidad para fortalecer las actividades interdisciplinares, una película educativa sobre el planeta Tierra, por ejemplo, puede introducir conceptos científicos que posteriormente se relacionen con otras materias, una representación teatral puede despertar preguntas históricas, lingüísticas o culturales.
Lo importante no es únicamente presentar información, sino ayudar al alumno a comprender las relaciones entre diferentes conocimientos.
Aprender durante toda la vida
La transformación tecnológica también podría modificar nuestras trayectorias profesionales, no sabemos qué profesiones desaparecerán, cuáles se transformarán o qué nuevos trabajos surgirán por eso, conviene evitar predicciones absolutas.
Lo que sí parece razonable es que la actualización de conocimientos y el aprendizaje permanente adquieran una importancia creciente, una persona podrá necesitar nuevas competencias varias veces durante su trayectoria laboral.
En ese contexto, aprender a investigar, formular preguntas, verificar información y adquirir nuevos conocimientos será tan importante como dominar determinadas herramientas.
¿Qué papel tendrán las actividades culturales?
Las actividades culturales escolares pueden contribuir a despertar curiosidad y ampliar perspectivas cuando están bien diseñadas. El cine, el teatro, la música, la danza y las experiencias inmersivas ofrecen diferentes lenguajes para acercarse al conocimiento.
Una buena actividad puede estimular preguntas que después se investiguen en el aula, pero debemos recordar que el entretenimiento no garantiza aprendizaje. La calidad de una experiencia educativa depende de sus contenidos, sus objetivos y la manera en que se conecta con los conocimientos del alumnado.
Una pregunta para 2041
Si las herramientas tecnológicas pueden generar respuestas de manera inmediata, quizá uno de los mayores desafíos educativos sea conseguir que los alumnos comprendan esas respuestas y sepan cuándo cuestionarlas.
El futuro no exige elegir entre conocimientos y pensamiento crítico, exige comprender que necesitamos ambos, porque los alumnos de hoy no solamente tendrán que adaptarse a nuevas tecnologías, también deberán aprender a decidir cómo utilizarlas.
Próximo capítulo — 6 de noviembre: Infancia, pantallas y algoritmos: ¿quién controla la atención?